lunes, 23 de febrero de 2009

domingo, 22 de febrero de 2009

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El Inocente (primer Relato)


“Si vis pacem, para bellum"

Desperté exaltado, el grito agudo de una mujer joven asalto mi sueño, escuche como cacerolas y platos caían al suelo causando estrépito, mi respiración se acelero examine cada rincón de mi habitación como buscando el origen de aquellos sonidos, entonces justo en el momento que decidí levantarme el silencio regreso, y una calma estremecedora me sorprendió, me obligo a volver a la cama, mi respiración se normalizo me deje seducir por el sueño que insistió en no dejarme despierto. Ahora el grito enfurecido de un hombre me sobresalto, escuche un golpe ahogado y temí lo previsible; era otra vez mi vecino atizándole una paliza a su mujer, entre sollozos la mujer pedía piedad a su agresor, su hombre, su amor. Sentí rabia acumulada en mi cuerpo, un resentimiento escondido broto, me obligo a levantarme, no permitiría ese abuso una vez más, la última vez que levantaba su mano con ira hacia ella, la última vez que me despertaba con ese sobresalto de angustia me dije. Abrí las puertas de mi armario y comencé a buscar el cajón mientras la ropa caía cubriendo el piso con colores que se mezclaban. Al fin encontré mi nueve milímetros envuelta en un pañuelo, heredada por mi abuelo nunca antes usada por mí, con el pañuelo me envolví la mano y tome el arma.

El ruido continuaba y ahora el llanto de un inocente se agregaba a un concierto de furia y terror, de inmediato mire a la ventana, temí por el niño, desde mi ventana solo pude ver sombras que se arremolinaban dejando en suspenso el estado real del pequeño. Baje las escaleras entre penumbras, como guiado por una extraña orden, por un plan delineado exactamente para mí, que sin embargo no conocía por completo en el momento pero se iba descubriendo a cada paso que daba, entré al cuarto de mis herramientas y tome un mazo para derribar la puerta ( no era la primera vez que lo hacia), los gritos del niño no cesaban, sentí una opresión en el pecho y un sabor amargo en mi boca que me acompañaron mientras cruzaba la calle y llegaba a la casa, descargando mi furia contra la puerta comencé a golpear hasta que logre derribarla. La mujer en el suelo humillada detuvo el llanto al mismo tiempo que el hombre las patadas, pero el llanto del niño no se detuvo. El hombre y la mujer pusieron la mirada en el arma, el niño me miro a los ojos, dejo de llorar.

Alce mi arma y apunte No por favor no grito con miedo el hombre que se arrodillo, lloro y se humillo. La mujer no se movió y desde el suelo solo se observaba temblorosa, pálida (diente de león), sin dejar de apuntar me acerque a ella toque su cabeza quise tranquilizarla, quería decirle que todo iría bien, que no tuviera miedo pero no me quise arriesgar, no la quería engañar. – Déjanos en paz—sollozo el hombre que permanecía arrodillado con el pantalón húmedo de miedo. Sonreí, no quería hacerlo pero era inevitable, esta vez tenia control inimaginable de la situación excepto por el niño que mirando el estado de su padre rompió en llanto.

Apuntaba justo a su cabeza y cuando baje la vista, en una cacerola doblada observe mi rostro descompuesto, demacrado mi reflejo era tan distinto que apenas me reconocí, como llegue hasta aquí, que me impulso a actuar así, que estoy haciendo me pregunte. Dispara. Termina esto de una vez. Es más sencillo de lo que crees. Mi mente no paraba de trabajar y palabras perdidas fueron nublando mi sentido de la razón, una gota fría descendió mi rostro, y un escalofrió abatió mi cuerpo. Otro silencio inesperado, vació. Me sentí solo, atrapado en mi misma trampa, cazador cazado, soñador soñado.

No dejaba de apuntar, la mujer sudaba y temblaba como una tetera a punto de estallar, sentí compasión por ella, tenia que acabar con esta tensión, detener el sufrimiento. Quite el seguro del arma y la sostuve con fuerza, ya no soportaba mi brazo entumido el dolor nacía de mi hombro y llegaba a la punta de mis dedos, la habitación se hacia mas y mas profunda, difusa como si la situación en la que nos encontrábamos hubiera difuminado el espacio que ocupamos cambiando la realidad, confundiendo mis sentidos, hasta que contraje mi índice cansado y se creo la explosión que con un ímpetu bárbaro rompió el silencio y una mancha escarlata salpico la cocina. Al fin había terminado la guerra ¿o no?

Me detuve frente al cadáver, la bala había traspasado su pecho y desde el suelo parecía observarme. Atónito deje caer el arma, una frecuencia aguda atravesaba mis oídos, sentí como toda la fuerza de mi cuerpo se desvanecía y pronto yo también estaba abandonado en el suelo incapaz de tenerme en pie. Miraba el techo mientras una sensación húmeda me recorrió la espalda, era sangre la sangre de mi victima que ahora compartíamos y que como sábana se fue adueñando del albo suelo. Entonces escuche mi corazón que parecía querer abandonarme, podía sentir su fuerza de reloj constante, pulsación intensa que resonaba en todo mi cuerpo.

Al recordar el estado del pequeño, intente incorporarme, resbalé y caí sobre mis codos que parecían estar ensangrentados, lo volví a intentar ahora con éxito y me dirigí a la sala donde el niño lloraba cansado, tome una cobija, lo cubrí y lo sostuve en mis brazos mientras pensaba lo difícil que había sido esa noche para todos, cuanto cambiaria nuestras vidas. Su padre permanecía en el suelo de la cocina sin movimiento alguno tirado sobre su costado y dando le la espalda a su mujer, abandonado, confundido como rechazando lo que acababa de suceder, tratando de explicarse como de un momento a otro su realidad había dado un giro insospechado, entendiendo la fragilidad de la vida, de lo humano y del tiempo que se ha inventado.

Ahora no quedaba mucho por hacer, el clima poco a poco fue tomando su aire habitual y me sentí reconfortado cuando reinó de nuevo el silencio de la noche que jamás debió ser alterado. Cubrí con una sabana el cuerpo de la mujer que al fin descansaba, ya nadie le podría hacer daño, había cumplido mi promesa. Su alma viajaba libre, volaba sin límites dibujando estelas en el aire dejando atrás los días de sufrimiento, de humillación, después de todo encontró la paz que nunca experimento en esta vida, sentí un gran alivio. Yo he cumplido y no me arrepiento por ello, al contrario me ennoblece el simple hecho de saber que ayude a una mujer que nunca fue feliz ni podía serlo al menos en este mundo. Ahora ustedes me juzgan a mí y me llaman asesino, culpable cuando yo solo fui un personaje secundario de aquel drama que se recrea una y otra vez, violencia de ustedes para mi, violencia de mí para ustedes, un ciclo que nunca se acaba. Si lo declaro yo maté a esa mujer pero yo no soy culpable, yo solo quería un poco de paz.

Consideraciones Introductorias


Este blog ha sido creado con la intención de compartir reflexiones, relatos y demás creaciones literarias que de vez en cuando invaden mi cabeza y logro plasmar en papel. Asi tambien como una forma de incentivarme a seguir produciendo, imaginando y leyendo al fin que sea como el viento al molino y el molino al viento.